viernes, 8 de octubre de 2010

La Gauchada y sus Consecuencias


           Como adelanté en el pasado artículo, que fue un trabajo de reconstrucción de la línea de tiempo del caso, mi intención para hoy es analizar el papelón que fue para todos la derogación del Artículo 76 de la Ley Nº 2230 por parte del Parlamento. Lo más complicado es que con un problema se desnudan un sinnúmero de problemas, viejos pero poco advertidos, de actores claves para la Democracia Uruguaya. Sin lugar a dudas, más allá de la indiferencia de muchos, los problemas son demasiados e importantes. Sin embargo, por lo pronto en una primera aproximación, me voy a concentrar en algunos de ellos, aquellos que me parecen los más relevantes.

            Es una realidad que lo sucedido es un problema para Fernández, Salom, Vázquez y el Frente Amplio, pero nadie lo explica cabalmente. Para colmo de males parece que, al menos por el momento, la solución elegida a la interna del FA es la peor para la imagen del sistema en su conjunto: “Acá no ha pasado nada. La prensa es mala y comenta”. Para el partido político del slogan “un gobierno honrado, un país de primera” es de difícil digestión el hecho que entre la ciudadanía corra la sensación de la existencia de un caso flagrante de “conjunción del interés público con privado” o “abuso de funciones” sin consecuencias. Sería un mal precedente de futuro también hacía la interna. Sin embargo, con respecto al frente externo, también sería muy complicado tomar medidas porque sería abrir un flanco débil importante a la figura de Vázquez, principal apoyo político del Dr. Fernández, y pretendido candidato presidencial para las futuras elecciones, por lo menos para una parte del oficialismo. Por ende, por este lado el problema parece resuelto aunque con costos importantes.

            Para el Dr. Fernández y la Dra. Salom, más allá de quejarse de un supuesto manoseo y escarnio público, la situación no tiene mayor importancia. Al fin y al cabo, si bien no viven de la política aunque algún beneficio les ha traído, más no sea un pase en comisión y una experiencia única del lado del Estado, su principal actividad no será afectada por lo sucedido. Su estudio profesional y su nivel de vida no serán amenazados por el problema que han originado. No obstante, el Dr. Fernández, que parecía haber entrado a la política simplemente para apoyar a su compañero y amigo Tabaré, tendrá dificultades de futuro en acompañarlo. Aunque, llegado el caso, Vázquez ha demostrado que lo importante es la amistad con Fernández y no lo que piense el FA. Igual me parece llamativo que Fernández haya tenido la sapiencia de colocarse como suplente del primer senador socialista, Daniel Martínez, que siempre está pensando en hacer carrera política y no en el Parlamento precisamente, para esta legislatura. Por el lado de la Dra. Salom, renunciar al Colegio de Abogados, como antes ya lo hizo a la Fiscalía, no han sido verdaderos problemas. Ni siquiera el Partido Socialista le pidió que abandonara su puesto de Asesora de Bancada. Igual, a lo sumo, será la posibilidad de dedicar más horas a otras tareas, no tan redituables capaz. Volviendo al caso de Vázquez, figura que todos en el FA han tratado de proteger de la situación aduciendo un “tiro por elevación” siguiendo las declaraciones de Fernández, ya se sabe que no es un personaje que se preocupe por revuelos de este tipo, convencido de su poder de seducción de masas.

Más allá de los problemas reseñados para los implicados primarios del asunto, el Dr. Fernández ha logrado mover el centro de atención de su actuación hacía la de todo el Parlamento y el Ejecutivo de aquél momento. Si bien el estudio del Dr. Fernández efectivamente llevó adelante la defensa de Ratti, la pareja Fernández-Salom intenta hacernos pensar que sólo ella llevaba el caso en cuestión, dejando de lado el hecho que el cargo de Fernández era suficiente razón para que ambos se excusaran de participar en el caso, existen algunas cuestiones que vaya a saber uno por qué han desaparecido del debate. Si en el pasado el mismo Dr. Fernández había advertido de la posibilidad que existía de clausura del caso Peirano si se derogaba el famoso artículo, por qué razón fue promotor en una segunda instancia de la misma. Él llamó directamente al único legislador que se preguntó sobre las consecuencias de la derogación que se aprestaban a votar en el Parlamento. Cabe acotar que el Estudio Fernández pasó a representar, por lo menos, a Ratti entre ambos intentos de derogación. Asimismo, por qué si era consciente de la posibilidad de la clausura, al existir otra interpretación de las consecuencias de la derogación, no informó a quienes lo consultaron sobre la misma. A su vez, si en el Estudio Fernández estaban convencidos que la clausura del caso no iba a tener andamiento, por qué la solicitaron en el caso de Ratti, y para otros defendidos por causas similares. Sin embargo, para explicar el tema la Dra. Salom invocó que la prensa ya había informado del hecho de la defensa de Ratti y que por ende toda la clase política uruguaya, y también la prensa vale decir, debía saber de la situación y no hicieron nada.

Si bien Fernández nunca mencionó que su Estudio Jurídico defendía a Ratti, y algún otro acusado por el mismo delito, posiblemente entre otras cosas porque en el pasado desde el Fa ya le habían prohibido tomar la defensa de otro implicado en el caso, su buen amigo Peirano, existe la imagen que si bien él participó del asunto, lo más complicado es el papel de los parlamentarios. La culpa es de los Parlamentarios que no saben lo que votan y no se toman el trabajo de investigar los temas que tienen entre manos. Cabe destacar que la postura del FA colabora con esta idea, sin querer queriendo y posiblemente para no tener la exclusividad de la responsabilidad ante la ciudadanía. Desde algún sector de la prensa también se ha esbozado una crítica similar, llegando incluso a señalar que los Parlamentarios deberían seguir mejor las investigaciones que la misma hace. Aquí existe un nuevo problema para la sociedad uruguaya y seguramente el más importante de los que vamos a señalar. Los que defienden la tesis de la irresponsabilidad de los legisladores se olvidan que cuando el Parlamento aprueba una Ley es con carácter General y sin importar los casos concretos por sí mismos. Si la Ley Nº 18411 era necesaria para el país, lo que académicos y legisladores afirman una y otra vez en todas partes, por qué razón no se explica que lo que suceda con los Peirano es otro tema. No se debía estar pensando en el caso particular de ningún ciudadano, por más que se llame Peirano y tenga la peor imagen popular. A tal punto se han olvidado en nuestro país de este detalle, que los propios legisladores, en vez de expresar en forma  contundente su responsabilidad principal a la hora de votar una Ley, estuvieron más interesados en sacarse la culpa de encima, quejarse de la mala suerte que tuvieron de verse contaminados con el estigma Peirano y, por el momento, no preocuparse por presentar soluciones legislativas al tema de “estar de los dos lados del mostrador”.

Más allá de todo lo anterior, la sociedad uruguaya tiene responsabilidades en torno a este caso. No ha sido capaz de separar la posible falta de transparencia en la actuación del Dr. Fernández y su entorno en el caso concreto y la responsabilidad de los legisladores a la hora de votar una Ley. No ha sido capaz de reclamar cabalmente una solución legislativa para los casos similares al del Dr. Fernández que estén ocurriendo en el presente o puedan ocurrir en el futuro. No parece que vaya a tomar cuenta de lo sucedido a la hora de tener que tomar la decisión del voto en el futuro. Lo que sucede es que la ciudadanía sufre de una notable falta de sentido crítico en lo público. Muy críticos en lo privado, en lo que los rodea, en la chiquita. Sin embargo, adolecen de falta de crítica y compromiso en los asuntos de todos. La misma es resultado de la pésima educación que recibe, desde hace muchos años, y que no parece tener miras de mejorar en el futuro próximo. Situaciones como la señalada seguirán sucediendo mientras la sociedad uruguaya no encare la necesidad de una transformación educativa real.

Ahora bien, si el Dr. Fernández tiene sus responsabilidades, si el Frente Amplio tiene sus responsabilidades, si el Parlamento y los legisladores tienen sus responsabilidades, si la ciudadanía tiene sus responsabilidades, por qué la prensa parece salirse limpia del asunto. Al decir la prensa me refiero en forma general a los medios periodísticos. Algunos dirán que fue gracias a la prensa que se conocieron los hechos. Sin embargo, si bien la prensa, la misma que acuso de desidia y lentitud a los legisladores, la que sacó a luz la situación, ella misma estuvo lenta de reflejos también. Los hechos recién salen a la luz, con las distintas implicancias que tenía el Estudio Jurídico del Dr. Fernández, luego de la clausura del caso Peirano y sin una visión completa de las implicancias de dicho caso para la sociedad uruguaya en su conjunto.

 La prensa, que debería ser el último bastión del espíritu crítico de cualquier sociedad, no tiene crítica y menos todavía autocrítica. Peor aún, carece de Opinión. Por lo menos, de esa opinión que alimenta el debate y que ayude a generar los cambios que aparecen como necesarios para la sociedad uruguaya. La prensa no es capaz de elaborar la opinión fundamentada con argumento y conocimiento. Sale a la búsqueda de opiniones menores en otros lugares o ambientes. Contrata cronistas deportivos, “figuras” académicas, “figuras mediáticas”, etc., para que opinen de todos los temas habidos y por haber. Se los contrata para que hagan el trabajo que la prensa uruguaya o no sabe hacer o no quiere hacer. Figuras que no teman de asumir la responsabilidad y el compromiso ético de la Opinión. Me consta que el problema no es culpa de las nuevas generaciones que se formaron recientemente o se están formando en el periodismo. El problema, una vez más, nace en la educación uruguaya. Nace en las generaciones anteriores, las presentes o ya ausentes. Las Instituciones que están formando a los nuevos periodistas están haciendo un culto sagrado alrededor del “No Opinar”. El informar liso y llano. No ya se habla de pedir la pasada de moda y mal vista objetividad, me alcanza con ecuanimidad, responsabilidad o ética al opinar. Directamente, No Opinar. Algo similar a lo que en otros asuntos se ha referenciado con el “no te metás”. No hace falta explicar lo nefasto de la situación. Todos sabemos que ha sucedido, tanto en nuestro país como en otras partes, cuando se da rienda suelta al “no te metás”.

1 comentario:

argoefo dijo...

Leo todos los artículos, no los comento porque su estilo muy testimonial rematando con opinión es muy claro y con definiciones generales casi en el plano positivo que permiten fácilmente la toma de posiciones sobre el tema. Estoy de acuerdo con casi todo lo que he leído. Muy buena publicación la inserté en mi blog, gracias por el enlace.

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